El contrato “del siglo”, como muchos lo llaman, por el que EADS y Northrop Grumman fabricarán 179 aviones cisterna para las fuerzas aéreas de Estados Unidos, no ha sido todo rosas. La decisión del Pentágono de decidirse por un consorcio europeo ha despertado salpullidos en Washington y el último en quejarse ha sido Jim McNerney, presidente ejecutivo de Boeing. Según las opiniones del gobierno federal, y de la opinión de la industria aeroespacial estadounidense, el contrato, por valor de 40.000 millones de dólares, tendría que haber quedado en “casa”, es decir, que la firma o consorcio encargado fuera estadounidense.

EADS CASA

“Pensamos que nuestra oferta era más capaz, presentaba menos riesgos y tenía un ciclo de coste más reducido”, dijo McNerney, que apelará ante el Congreso de los Estados Unidos la decisión del Pentágono porque tiene “algunos puntos flacos” sobre la decisión de elegir a EADS en el contrato.

La pataleta de Boeing se puede entender, en cierto modo. No sólo es uno de los mayores contratos aeroespaciales de la historia de la aviación, con su consiguiente reporte económico, sino que coloca a EADS como líder indiscutible en la industria aeroespacial. Para Boeing, hasta ahora la favorita del Pentágono, el contrato es un auténtico escopetazo frontal. Después de la competencia entre ambos, con el Airbus A380 y su equivalente de Boeing, este es un duro golpe para la empresa norteamericana.

Más de uno debe de estar tirándose de los pelos.

Vía | El País